lunes, 15 de junio de 2015

Algo interesante… Mi primera experiencia en Moscú (III)

Hotel Rossya, y en primer plano, murallas del Kremlin. Foto propiedad de urban.networks.blogspot.com
Hola amig@s Cielisuelistas. Hoy continúo relatando mi primer viaje a Moscú. Antes de nada, quiero aclarar que el “sovietismo” que he sufrido en mis carnes, sobre todo en los dedos de mi mano al abrir los grifos, fue solamente en el Hotel, y un poco en el aeropuerto, pues ha sido donde he tenido contacto directo con las instituciones policiacas, en aquel tiempo, todavía bastante sovietizadas. Pero la vida en general en la capital, y en las ciudades de Rusia en las que he estado (San Petersburgo, Nizhny-Novgorod, Yaroslavl, Arkhangelsk y Velikii Novgorod), es completamente distinta, y la gente que en ellas reside, suele ser bastante amable y servicial, aunque no todos, como ya dije en el primer post sobre Moscú. Eso sí, los ariscos y secos, como imaginamos a los rusos, “haberlos, hailos”, y bastantes.



Calles en Kitai-Gorod. Foto realizada por EMCYMS
Bueno, terminamos el anterior post cuando fuimos a comer al restaurante Старый Мелник. Allí permanecimos un rato, y luego fuimos a pasear. Más exactamente, cogimos el metro y fuimos a un pequeño parque, uno de los bulevares de Садовое Кольцо (Anillo de los Bulevares) donde habíamos quedado con otro miembro de la Peña de Rusia, Karen, del que he tenido noticias hace un par de años y… ¡es boxeador! El Anillo de los Bulevares, es un conjunto de jardines alargados, dispuestos en círculo, que señalan donde estaba la antigua muralla que rodeaba a la ciudad más vieja de Moscú, Китай-Город (Ciudad de las estacas). El primero de estos bulevares, fue creado en 1.591, y a lo largo de los siglos, fueron construyéndose los demás, hasta formar un anillo casi completo, pues los diques del río Moskova impiden su cierre. Stalin, a partir de 1.935, amplió los jardines, los ensanchó y planeó culminar el círculo, pero esa obra quedó en el olvido, se supone que por razones económicas.

Así me quedé cuando vi que hay borrado todas
las fotos. Foto propiedad de EMCYMS
Allí estuvimos como una hora, bebiendo cerveza y, después de pasear un rato, regresamos a Старый Мелник porque había una reunión con un grupo grande de la Peña. Este encuentro no lo olvidaré en la vida, porque me sucedió algo horrible. Por un error, ¡borré todas las fotografías que había hecho hasta entonces! Se me quedó la cara que veis en la foto. ¡Qué disgusto más grande me llevé!. Solamente apaciguado por una guapísima azafata que promocionaba algo, no recuerdo qué, posiblemente tabaco, y que también veréis en una foto, y que me alegró un poco la tarde (aunque menos de lo que hubiese deseado jajaja). Aquí, entre risas, cervezas, y miles de preguntas acerca del Real Madrid, los Ultras Sur y Orgullo Vikingo, pasamos una tarde agradable. Además, allí me tomé mi primer vodka en Rusia. Fue muy divertido, porque no todos lo pidieron, y cuando me lo trajeron, porque allí era como el amo, mis amigos me servían todo, para agasajarme, vi que alguno de ellos, la mayoría, junto con su chupito de vodka, llevaban un vaso que parecía lleno de zumo de naranja. Me extrañó, pero no le di importancia.

Gracias a esta preciosidad, mi disgusto no fue a mayores. Foto propiedad de EMCYMS
Y empezamos a beber por turnos, y yo tenía que ser el último… Alguna broma imaginé que me iban a gastar. Todos, bebían su chupito de vodka, y rápidamente, bebían casi medio vaso de zumo. Y llegó mi turno. Me miraban con caras expectantes, como si me hubiesen dado algo extraño y tenía que caer en la trampa. Desconfié entonces y protesté, diciendo que eso no era vodka, que qué me querían dar. Me aseguraron que era vodka, y que observaban con atención por si me sentaba mal, porque no estaba acostumbrado. Yo me dije, este vodka no debe ser como en España, ¡este debe ser la leche!, pero nada, tenía que dejar el orgullo patrio muy alto y allí que fui, me puse el chupito en los labios y me dispuse a morir cual Agustina de Aragón o Daoiz y Velarde. Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí que ¡era exactamente igual que el vodka que se bebe en España!, solo que nosotros normalmente lo tomamos en copa con naranja o cola. Así que intenté no descomponerme del “golpe” en la garganta y el estómago al tomarlo solo, aunque tampoco fue para tanto, y muy interesados por mi posible malestar, me preguntaron qué tal me encontraba. Yo, cual Cid Campeador después de una batalla, sólo pude decir… Another, please (otro, por favor) Las caras que pusieron fueron como si acabase de llegar al bar, el madridista Raúl Gonzalez (el ídolo de la mayoría de ellos) sorpresón total. Sólo dos me secundaron, pero con el consabido vaso de zumo.

Charlando del Madrid, antes de los vodkas. Foto realizada por EMCYMS
Ya después me acompañaron al hotel, y nos despedimos hasta el día siguiente. El turno de noche de los policías - vigilantes - agentes del KGB de los ascensores, no era tan severo y rígido como el de la mañana, porque apenas saqué de la cartera el registro del hotel, me dijeron que lo guardase sin apenas mirarlo, y luego arriba, sólo había una mujer, que ni me pidió los papeles y me dijo Good night en perfecto inglés.

Por la mañana me desperté temprano, y después de una ducha, ya con menos asco, pues me había, más o menos, acostumbrado, me dirigí a desayunar. Todo bien, sin historias truculentas, y como era pronto, me acerqué a la Plaza Roja, que como ya os dije estaba a unos 100 metros, a admirarla más detenidamente, y volver a realizar las fotos que borré el día anterior. Además, a la vuelta al hotel tuve tiempo de pasarme por la calle de enfrente, Varvarka Ulitsa, y hacer fotos a algunas de las iglesias. Y después regresé al hotel para encontrarme con Zoca (Alexey) y otros dos miembros de la Peña, Bobby y Timur. Y nos fuimos los cuatro a pasear, bajo un infernal sol y un calor horrible de unos 40º. Me llevaron por todo el barrio de Kitai-Gorod, una zona muy bonita, con edificios bajos (no se puede construir más de tres alturas) y de estilo dieciochesco y muy coloridos, aunque bastante destartalados y mal conservados, como podéis ver en la fotografía.


Uno de los viejos edificios de Kitai-Gorod. Foto realizada por EMCYMS
Cuando íbamos a salir del barrio, Bobby me dijo. Desde aquí, a unos diez metros de la esquina, termina el barrio; debes hacerlo corriendo, y mirando a la izquierda, y verás uno de los contrastes más impresionantes de Moscú. Así lo hice, corrí esos diez metros mirando a la izquierda y, al terminar la última casa baja de la calle, aparece imponente y dominador, uno de los edificios que construyó Stalín para dar grandeza a Moscú, Kotélnicheskaya Náberezhnaya, una de las “Siete Hermanas”. La verdad que la impresión de encontrarte ese mastodonte, nada más salir del barrio viejo, es increíble, y como dice mi amiga Esther, de @laotracolumnadecarrie, en esta ciudad te sorprendes a cada paso, detrás de cada esquina. La construcción en cuestión no es más que un edificio de apartamentos, aunque su función inicial, durante la época soviética, era su utilización como viviendas de miembros del Partido Comunista, se supone que para tenerlos controlados.

Kotelnicheskaya Naberezhnaya, una de las Siete Hermanas de Moscú
Tras esto, nos fuimos a comer, y se agregó a nosotros Anton (Madrigal). Por vez primera comí blinis, mi alimento ruso favorito. Son en realidad creps, y son muy típicos de Rusia. Pero lo que más me gustó es que Zoca pidió para mí blinis rellenos de caviar rojo y de salmón. También la primera vez que comía caviar rojo, muy diferente al de aquí, pues son bolitas mucho más grandes, y de color naranja clarito, no como el sucedáneo que hay aquí que es rojo pasión. Además, están acompañados de smetana, esa nata agria tan rica que complementa los platos rusos.

Blinis con caviar rojo y smetana. Riquísimos.
Después, cogimos el metro hasta la estación de Universitet, donde está la Universidad Estatal de Moscú, otro de los edificios de Stalin, las “Siete Hermanas”, que se encuentra en lo alto de una colina, Vorobióvy Gory (Colina de los Gorriones), a la que se sube, desde la gigante estación de metro, por un camino bastante amplio y cómodo, según pude observar a la vuelta, porque en la ida, Bobby se empeñó en que teníamos que subir campo a través, o sea, pasando por medio del bosque, porque se llegaba antes. Imaginaos, a mí, la persona más torpe del mundo y urbanita a más no poder, subiendo por un terraplen, bastante pronunciado, lleno de ramas, hierbajos de 50 cms. de alto, y para colmo con naúticos, o sea, más que andar por la hierba, patinaba sobre ella. Mi sorpresa fue mayúscula, cuando al llegar arriba, después de 6 ó 7 caídas, lo primero con lo que me topé fue con… ¡Una pista trampolín de salto de esquí! Aquello ya me dejó a cuadros. Además, impresiona verte al lado de esa monstruosa construcción metálica de color hierro oxidado, entre el verdor de los árboles que forman el bosquecillo de subida a la Universidad. En la actualidad, está siendo restaurada porque, a pesar de seguir en funcionamiento en invierno, su deterioro es visible.


Trampolín de salto de esquí en la Universidad Estatal Lomonosov de Moscu. Foto propiedad de Google Maps
Y tras caminar unos metros más arriba, allí está, majestuoso y altivo, el edificio de la Universidad Estatal M. V. Lomonosov de Moscú. Es la más antigua universidad de Rusia. Fue fundada en 1.755 por Mijail Lomonosov, e instalada en este rascacielos, "Vysótniye Zdániya", tras su construcción en 1.953, el mayor de las “Siete Hermanas”, que en los años 50 del siglo XX, disfrutaba del galardón de ser el edificio más alto de Europa. Posee más de 33 kilómetros de corredores y 5.000 habitaciones. La estrella en la cúspide de la torre es lo bastante grande como para albergar una pequeña habitación y una plataforma de observación y pesa 12 toneladas. Las fachadas del edificio están ornamentadas con relojes gigantes, barómetros y termómetros así como por estatuas y símbolos soviéticos. Cuenta con 39 facultades y 15 centros de investigación.

Universidad Estatal de Moscu. Foto propiedad de www.naked-science.ru

Una vez vista la grandiosidad del edificio, girando 180 grados, se puede admirar, está claro que dejando a un lado las torres de los trampolines de esquí, una de las vistas más bellas de la capital moscovita desde las alturas; otra de las sorpresas que nos tiene reservadas Moscú. Por supuesto, y dado el enorme calor que hacía, estuvimos un rato deleitándonos con el paisaje, degustando a la vez, un gran “morozhenoe”, o sea, un helado, que de ese frío nombre, no tiene nada. Como casi todas las cosas en Rusia, no están tan frías como acostumbramos en España, pues todos los rusos están obsesionados con que el frío les daña la garganta. El helado, de dos bolas, está frío, sin más, es como una crema fría, y se derrite a una velocidad alarmante. Sí, como cuando aquí nos tomamos un helado de bolas, y al final se nos va derritiendo y se vuelve todo líquido. Pero allí no es al final, ¡es al principio!, desde el primer momento ya te chorrea por la mano y como no estés pendiente, la camiseta manchada es cosa segura.

Vistas desde la Colina de los Gorriones, donde está la Universidad de Moscú. Foto propiedad de EMCYMS
Enseguida ya nos fuimos, y desde aquí hasta la noche, nada importante que destacar, sólo fuimos a celebrar el cumpleaños de un miembro de la Peña, como no en Старый Мелник, y luego después al Hotel, del que he podido conseguir una foto, como habréis visto en la cabecera del post. Y aquí ya sin novedad, hasta el día siguiente. Pero eso ya os lo contaré el día 25 de junio en la cuarta y última parte de “Moscú, mi primera experiencia rusa”. Y no os perdáis el post del próximo jueves día 18 de junio, donde conoceremos a una gran bloguera, en la sección “Hoy nos visita…”. No os lo perdáis, que paso lista.


Manolo G. Sanahuja

2 comentarios:

  1. Manolo, en que año fuiste por primera vez a Moscu?.
    Tu amiga lleva razón, en Moscú te sorprendes a cada paso...y mi historia porque así nos lo contó nuestra guía rusa Yulia en el 2004 existían los famosos edificios de apartamentos seguían utilizándose como viviendas de miembros trabajadores del partido comunista pasando de abuelos a hijos y nietos, esa es la *herencia*. Las
    circunstancias, las dejaremos a la imaginación, solo tienes que ver tu hotel jajjajaja.
    Una anécdota que nos conto Yulia, en uno de los recorridos a ciudades limitrofes pasando por la carretera que se transitaba hacia el aeropuerto y que hacia poco tiempo había estado de visita oficial un presidente de EE UU no
    recuerdo quien, si miramos la historia por el año no será dificil averiguarlo; la parte del enorme edificio que daba a
    la carretera la habían pintado toda blanquita para dar buena impresión al mandatario, jajjajaj y por la parte de atrás marrón marrón por decir un color.
    Tabaco, se vende tabaco y se pagan incendios jejjeje muy guapa la moscovita vendedora de tabaco...habrá tenido el chollo de su vida como la otra famosa tabaquera en México?.
    Tu cara no esta mal, bueno como si que dabas un aullido se te llevaban...con la rabia que da que te borren fotos u se te malogren.
    El Palacio de Cultura y Ciencias de Varsovia (Polonia) es hermano de éstos siete edificios, que a mi me parecen preciosos y todos iguales.
    Todo un placer seguir en tu compañía recorrido por Moscú.

    Tere

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    1. Si Tere, es una pasada. Hay muchas historias y muchos sitios nuevos en mis posteriores viajes, pero aqui, de momento, sólo estoy narrando el primero.

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