lunes, 16 de noviembre de 2015

Descubriendo la Capilla del Obispo

Fachada principal de la Capilla, y del Instituto Santa Bárbara.
Hola querid@s Cielisuelistas, imagino que much@s de vosotr@s habéis ido de tapitas por la zona de la Latina, y especialmente a la Plaza de la Paja, en el oficialmente llamado Barrio de San Andrés. Pues bien, en esta plaza, habréis visto un edificio bastante sobrio, con aspecto de palacio o fortaleza, a espaldas de la iglesia de San Andrés y os habréis preguntado qué diantres es eso. Pues no es ni un palacio ni una fortaleza, es lo que hoy os voy a descubrir, la popularmente conocida como la “Capilla del Obispo”, aunque su nombre oficial es Capilla de Santa María y San Juan de Letrán, y ahora os digo por qué.

Historia

En el siglo X Madrid era una ciudad amurallada, y a su lado discurría el arroyo San Pedro (actual calle de Segovia) que desembocaba en el Manzanares. El espacio que hoy ocupa la Plaza de la Paja, eran tierras de labranza, que ocuparon los mozárabes cuando Madrid fue invadido por los árabes. De ellos, el más importante fue San Isidro, que estuvo trabajando para Don Iván de Vargas en sus propiedades.

Puerta principal y abajo, entrada a la cripta
Más tarde, a principios del siglo XVI, este lugar ya era el barrio de San Andrés, y aquí se empiezan a asentar algunas familias de la corte y la nobleza, como los Ruiz de Clavijo, cuyo palacio estaba donde hoy se encuentra el Instituto Santa Bárbara, aquí en la Plaza de la Paja; un poco más arriba, donde hoy se encuentra el Museo de los Orígenes, estaba la casa de la familia Vargas y Carvajal; y a la derecha, exactamente en la Costanilla de San Andrés, estaba el palacio de los Laso de Castilla donde se hospedaban los Reyes Católicos cada vez que venían a Madrid. Este palacio tenía un pasadizo elevado que lo unía con la iglesia de San Andrés para que los Reyes Católicos y otros nobles de la época, no tuviesen que salir al exterior para pasar a la iglesia a escuchar los oficios religiosos.

Puerta de entrada a la Capilla desde el claustro
Precisamente a la familia de Vargas y Carvajal, Don Francisco y Doña Inés, descendientes de Don Iván de Vargas, el patrón de San Isidro, se les pidió la construcción de la capilla para albergar el cuerpo del Santo, por lo que pidieron autorización a Roma y el papa León X se la concedió en 1518.

Ya os he comentado al principio que su nombre oficial es Capilla de Nuestra Señora y de San Juan de Letrán. Se le llama popularmente “Capilla del Obispo” porque aunque la empezó Francisco de Carvajal, cuando éste murió, continuó con la obra su segundo hijo, Don Gutierre de Carvajal y Vargas, que era el obispo de Plasencia.

Retablo plateresco
Voy a hacer un paréntesis muy curioso, pero instructivo, relativo al edificio y al sitio donde se encuentra. En la parte inferior de la construcción, estaban las caballerizas y la cripta. Los capellanes en esos años, guardaban ahí el diezmo que daban los campesinos por las tierras que trabajaban alrededor. Ese diezmo era pagado con paja para alimentar a los animales de los nobles que cada día llegaban aquí. Había veces que había muy buena cosecha, entonces los capellanes tenían excedente de paja, por lo que lo sacaban y vendían en la plaza, que por eso adquirió este nombre.

Lápida grande en el claustro
San Isidro era un campesino muy honesto y muy bondadoso, y se le atribuyen varios milagros. Muere en 1172 y, en 1212, 40 años después de su muerte, como el pueblo de Madrid seguía atribuyéndole actos milagrosos, deciden levantar su cuerpo del cementerio de San Andrés y se encuentran que está incorrupto. Automáticamente es trasladado a la iglesia de San Andrés para que los madrileños lo pudieran venerar. Ese mismo año, Alfonso VIII, en su afán de desterrar del Reino de Castilla a los almohades, se dirige a Andalucía, pero al llegar a Despeñaperros, detiene su avance por miedo a ser derrotado al atravesar los montes. Cuenta la leyenda que se puso a pasear para pensar qué debía hacer, y en su camino se encontró con un rústico campesino, que charlando le indicó que conocía un paso, lo que hoy se llama la Senda del Rey, por el que podía atravesar Despeñaperros, sin ser descubierto. El Rey le hizo caso, atravesó el paso con su ejército y sorprendió al enemigo, y le ganó en la crucial batalla de las Navas de Tolosa. Al regresar a Burgos, pasó por Madrid, y se enteró que habían descubierto el cuerpo incorrupto de un campesino, y se dispuso  visitarlo, con la sorpresa de ver que ese campesino, era el mismo que le había señalado el paso de Despeñaperros.

Cenotafio de Doña Ines de Carvajal
Curiosamente, en el edificio, aunque iba a ser una Capilla destinada a albergar el cuerpo de San Isidro, no hay nada que nos recuerde al Santo, puesto que no hay ningún escrito de la época que nos confirme que el cuerpo del patrón de Madrid estuviese aquí, aunque en internet aparezca que si, como Wikipedia, pero no hay datos concretos. La única referencia al santificado labrador está en una robusta puerta en el claustro, detrás de la que se encuentra la iglesia de San Andrés, y donde aparecen San Isidro y San Andrés.

Techo gótico
Pero, ¿por qué no hay nada del Santo en la Capilla, si iba a ser construida en su honor? El motivo es algo curioso. Cuando el obispo decidió construir la capilla quería a toda costa quitarle a la iglesia de San Andrés el cuerpo de San Isidro, pero el párroco se negaba a dárselo, lo que trajo un montón de problemas, disputas y enfrentamientos. Al final, el obispo perdió todos los pleitos y todas las luchas, pues en todo momento, los organismos eclesiásticos le dieron la razón al párroco. ¿Cuál fue la consecuencia de esto? Pues Don Gutierre se enfadó y cerró la capilla por la parte de la Iglesia, y abrió otra puerta por detrás, por la actual Plaza de la Paja. Entonces, trajo de San Francisco el Grande los cuerpos de sus padres, Don Francisco de Vargas y Doña Inés de Carvajal, que fueron enterrados en la cripta y el obispo deja escrito que cuando él muera también lo entierren ahí. Por tanto, lo que iba a ser la capilla de San Isidro, se convirtió en panteón de la familia Vargas y Carvajal, y por eso cuando se decoró, ya no se hizo alusión para nada al Santo. De todas formas, de los cuerpos que aquí había, no queda ninguna huella, pues la cripta está totalmente vacía, y ahí es donde tendrían que estar ubicados.

Detalle de la parte superior del retablo
El edificio por fuera parece más bien un palacio y no tiene caracteres religiosos. Gracias a eso se conserva en pie y es uno de los más importantes de la ciudad de Madrid, pues durante la guerra civil, la iglesia de San Andrés sí sufrió los rigores del conflicto y fue incendiada y destruida. Mientras se reconstruyó a partir de 1940, la Capilla hizo las funciones de parroquia de San Andrés.

En 1920 la Capilla llegó a manos de la casa de Alba. Estaba abierta, y se realizaban ceremonias y visitas, pero sin ningún cuidado expreso, por lo que el edificio se venía abajo. En 1980 Doña Cayetana de Alba lo cedió al arzobispado pero imponiendo unas condiciones que obligaban al ayuntamiento, a la comunidad y al arzobispado de Madrid, a que se restaurase totalmente. En los años 80 ya se celebraban diferentes actos como la boda de Gil Robles, diversos autos sacramentales, una exposición de fotografía, e incluso, en la cripta, totalmente vacía, mi primo estuvo en varios guateques que organizaba un sacerdote de su colegio, cercano a este lugar.

Lápida pequeña del claustro
Años después, la duquesa pidió al arzobispado que la capilla fuese lugar de culto, lo que fue concedido, y se lo dio a las francesas Hermanas Dominicas del Cordero que, actualmente, son las encargadas de la liturgia y el culto del templo, con la curiosidad de que rezan cantando en gregoriano.

Estructura y exterior

La Capilla del Obispo consta de una sola nave, dividida en tres tramos, y ábside poligonal, con grandes contrafuertes en el exterior. Los materiales de construcción combinan la mampostería de piedra de granito y la fábrica de ladrillo.

Cenotafio de Don Francisco de Vargas
La fachada es el único elemento exterior de tipo renacentista. Está realizada enteramente en sillarejo de granito y, como he dicho anteriormente, destaca por su aspecto austero y sobrio, especialmente en lo que respecta a su portada, definida por un sencillo arco de medio punto. La puerta es la original el siglo XVI.

Los ornamentos de la fachada son escasos y se concentran en la parte superior. Aquí se sitúa una galería de siete ventanales, enmarcados cada uno por una doble moldura y con relieves florales en los puntos de confluencia y en la base de los vanos. La fachada está coronada con una cornisa saliente con molduras, que le hacen tener un aspecto parecido a un castillo o palacio.

Techo del ábside
Interior

El acceso a la capilla se realiza a partir de un pequeño claustro, muy modernizado, formado por arcos de medio punto, que está sobre lo que inicialmente se construyó en el siglo XVI. En la rehabilitación que se hizo en 1980, se descubrieron unas ruinas medievales, pues al levantar el suelo se encontraron el cementerio de San Andrés de los siglos X, XI y XII.

Todo el subsuelo estaba lleno de tumbas antropomorfas y de restos de lápidas con inscripciones. Se paralizaron las obras para determinar si tapaban todo de nuevo, o empezaban una serie de estudios y preparativos de conservación. Al final decidieron cerrarlo y, en el interior de la capilla, han dejado una “ventana arqueológica” con cristales, para que puedan verse parte de aquellos muros primitivos de la iglesia medieval de San Andrés, un pozo de agua, e incluso una tumba antropomorfa. De todas formas, los arqueólogos siguen trabajando en esas ruinas. Aparte de esto, en el claustro se conservan dos lápidas una pequeña y una grande, que también están siendo estudiadas por equipos arqueológicos.

Altar dedicado a S. Francisco de Asis, a la entrada de la Capilla
El edificio fue decorado entre 1520 y 1555 por Francisco Giralte, escultor palentino y discípulo de Berruguete, que es quien influye ante el obispo para que sea el decorador de la capilla, que la convirtió en su gran obra maestra.

Su primera creación es la puerta de entrada a la capilla propiamente dicha, construida totalmente en madera de nogal, y donde cada “hoja” es de una sola pieza. Es de estilo renacentista y está decorada con imágenes de la Anunciación, los escudos de los propietarios, las imágenes de San Juan Evangelista y San Juan Bautista, en referencia a San Juan de Letrán, y también hay escenas militares bíblicas, es decir, hay una mezcla bastante armoniosa de lo sagrado y lo profano.

Coro
En el interior hay una evidente mezcla de estilos, pues los techos tienen retazos góticos y bóvedas de crucería mudéjar, el retablo es plateresco, y la decoración que rodea a la capilla es totalmente renacentista. El retablo está muy sobresaturado, y está construido en madera de ciprés. Las esculturas son de Francisco Giralte, y todo el dorado, el estucado y la policromía, son de Juan de Villoldo. Tiene una calle principal y dos laterales, con varios pisos de altura y donde se representan varias escenas bíblicas, que curiosamente están colocadas sin un orden o sentido religioso ni teológico, ni de ninguna forma estructurada, debido a la incultura religiosa de los artistas que únicamente se dedicaban a su trabajo y no prestaban atención al tema religioso.

Cenotafio del Obispo Don Gutierre de Vargas
Los tres monumentos funerarios, llamados cenotafios (porque indican que en este edificio están los restos de quien representa) también son obra de Giralte, y hacen referencia a Don Francisco de Vargas, a Doña Inés de Carvajal y a Don Gutierre de Vargas (este último cenotafio, particularmente de gran belleza). Están hechos en alabastro de Cogolludo (Guadalajara), que es más vistoso, y a la vez, más delicado y más complicado de trabajar que el mármol.

Altar dedicado a la Virgen de los Desamparados
a la entrada de la Capilla
En la parte de la entrada a la Capilla, hay dos altares, uno a cada lado, hechos de madera. El de la derecha, es un cuadro llamado “Éxtasis de San Francisco de Asís”, de 1615, obra del pintor Eugenio Cages. El de la izquierda, es un cuadro del siglo XVIII, que representa a la Virgen de los Desamparados, la patrona de Valencia. Esto es así porque este edificio a lo largo de los siglos fue pasando de mano en mano, y en algún momento el propietario tuvo relación con los franciscanos o con la ciudad de Valencia.


Entrada de la visita guiada
Y esto es todo querid@s Cielisuelistas. Merece la pena pasarse por aquí a contemplar in situ esta maravilla oculta en el Madrid de los Austrias. Hay visitas guiadas al precio de 2€, que hay que reservar en el Museo de la Catedral de la Almudena, pues este lugar pertenece a esta Institución. Y no me queda más que citaros para el próximo lunes 23 de noviembre en que os descubriré la antigua catedral de Madrid, la Colegiata de San Isidro, donde sí están depositados los restos del Santo y de su esposa Santa María de la Cabeza. No faltéis, y recordad… ¡PASO LISTA!



Manolo G. Sanahuja



4 comentarios:

  1. Bonita historia de ésta Capilla, aunque me gusta más el nombre de Santa María y San Juan de Letrán !!. La Puerta de entrada a la Capilla desde el claustro preciosa, así como el retablo plateresco y con éste nombre no podía faltar el altar dedicado a San Francisco de Asís!...Muy interesante lo que cuentas del campesino y su historia por el paso de Despeñaperros, lo desconocía. Manolo te esperamos con Isidro y María de la Cabeza, no nos faltes!!

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    1. Tere,la capilla es preciosa, sobre todo el retablo y el cenotafio del obispo. Merece la pena visitarla

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  2. Espectacular entrada Manolo. Además, es un edificio único. Se conserva intacto el plateresco de la época de Carlos V. No hay edificios de esa época tan bien conservados en Madrid, cuando ésta aún no era sede de la corte.

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    1. Maribel, muchas gracias. Es un honor recibir esos elogios de una entendida como tu. Un saludo

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