lunes, 25 de enero de 2016

Descubriendo la Iglesia de San Antonio de los Alemanes



Hola Querid@s Cielisuelistas. Cada día Madrid me sorprende con cosas que desconocía, aunque llevan varios siglos por aquí, pero se hallaban ocultas a mis ojos y mi incipiente conocimiento de la ciudad. Hoy os voy a “descubrir” la Iglesia de San Antonio de los Alemanes, una de las más pequeñas y bonitas de la Capital. Este precioso templo barroco, declarado Monumento Nacional en 1976, pertenece a la Santa y Real Hermandad del Refugio y Piedad de Madrid, fundada en 1615, y de la cual, enseguida os pondré en antecedentes.



Hermandad del Refugio

Gracias a Mercedes Gómez, autora del blog "Arte de Madrid", sin duda uno de los mejores de los  muchos que se dedican a dar a conocer los rincones de nuestra ciudad, en su fantástico trabajo "La Hermandad del Refugio" (https://artedemadrid.wordpress.com/2010/01/27/la-hermandad-del-refugio/), he podido recopilar información sobre esta congregación, que de otra manera, me hubiera sido imposible conseguir.
 
La Santa y Pontificia Real Hermandad del Refugio y Piedad de Madrid fue fundada en 1615 con el fin de dar de comer a los necesitados y ayudar a los numerosos enfermos que por entonces penaban por las calles madrileñas. Sus comienzos vieron la luz gracias a las reuniones que mantenían tres vecinos del barrio, Don Pedro Lasso de la Vega que tenía su palacio en la esquina de San Bernardo con la calle del Pez, frente al Noviciado de los Jesuitas, donde se alojaba el segundo, el Padre Bernardo de Antequera, y don Juan Jerónimo Serra, el tercero, que vivía en la actual Travesía de Parada, 6, antes calle de En mala hora vayas.


Poco a poco otros hermanos se fueron uniendo a la Congregación, y hacían la conocida como “Ronda de Pan y Huevo”, en la que, por la noche, salían en busca de los necesitados; a los enfermos los acogían y los llevaban a algún hospital, y a los hambrientos les daban pan y dos huevos cocidos, de ahí el nombre. Iban acompañados por un criado, que llevaba un farol para alumbrar la búsqueda, y la cesta con los alimentos. Los hermanos se turnaban recorriendo cada noche las calles de la Villa. Se conserva todavía la plantilla de madera cuyo agujero servía para desestimar el huevo si por allí entraba, pronunciando la famosa frase: “Si pasa, no pasa”, lo que indicaba que el huevo era demasiado pequeño para el prestigio de la Hermandad.


Eso duró hasta 1833 en que, con la llegada de la policía urbana, se suspendió la ronda, pero se abrió una Hospedería donde se proporcionaba cena y cama a los más necesitados, que existió hasta 1936. Actualmente han cambiado los métodos, y existe un Albergue en el que se dan cenas, y si quedan personas sin sitio, se les da un bocadillo y leche caliente.


Otra de las actividades caritativas de la Hermandad, era la “Visita”, que realizaron hasta 1890. La Visita consistía en repartir limosna a aquellos que lo habían solicitado con anterioridad. También proporcionaban “socorro secreto” a personas de alta clase social venidas a menos, y que habían llegado a la pobreza, así como “aires y baños termales” para los enfermos y convalecientes, y “vestido” para los que carecían de las ropas necesarias.


Con el fin de acoger a las numerosas niñas huérfanas que los hermanos encontraban durante su ronda, en 1651 se fundó el Colegio de la Inmaculada Concepción, hoy llamado de la Purísima Concepción. Debido a los numerosos intentos de engaños para poder ingresar a niñas que no eran huérfanas, se establecieron una serie de requisitos: debían ser por supuesto huérfanas de padre y madre, y pobres. También se tenía en cuenta que fueran nobles o limpias de sangre, instrucción musical o buena voz, y que tuvieran entre 7 y 14 años.


Historia de la Iglesia

En 1603, a instancias del Consejo de Portugal, Felipe III fundó el hospital e Iglesia de San Antonio de los Portugueses, cuya finalidad era la ayuda tanto física como espiritual de los portugueses que paraban por la Villa de Madrid. Con el tiempo, el hospital fue ganando fama entre los viajantes lusos, por lo que la Hermandad de San Antonio, reunida en junta el 12 de julio de 1624, tomó la decisión de construir una nueva iglesia para acoger a un mayor número de fieles. Así, entre 1624 y 1632, fue construida la nueva Iglesia de San Antonio de los Portugueses.


Con la firma del tratado de Lisboa de 1668, España reconocía implícitamente la independencia de Portugal, poniendo fin a la unión personal que ambos países habían mantenido de hecho entre 1580 y 1640, y a la situación de indefinición que se había producido entre 1640 y 1668, periodo de la guerra de separación, en el que España consideraba a Portugal parte del Imperio español, mientras Portugal tenía su propio rey. Esto trajo como consecuencia que la reina de España, Doña Mariana de Austria, transformase el hospital y la iglesia en San Antonio de los Alemanes, para atender a los pobres de esta nacionalidad.


Cuando murió Carlos II, sin descendencia, llegó al trono Felipe V, quien entregó la fundación con todos sus bienes, incluida la iglesia, a la Hermandad del Refugio, de la que ya os he hablado anteriormente.

La Iglesia

Como habréis leído antes, la iglesia fue construida entre los años 1624 y 1630. Los planos fueron realizados por el jesuita Pedro Sánchez, y por Juan Gómez de Mora, “Maestro Mayor de la Villa” en ese momento. En la fachada, construida sobriamente en ladrillo, destaca la escultura en piedra de San Antonio, del portugués Manuel Pereira.


Es de planta ovalada, cubierta con una cúpula pintada con frescos que cubren el techo y los muros sin interrupción, creando una atmósfera realmente impresionante que transporta al visitante a una especie de vuelo imaginario, con cierta dosis de vértigo.

Esta grandiosa (por la impresión, no por tamaño) cúpula, comenzó a pintarse en 1660 según bocetos de los italianos Angelo Michele Coloma y Agostino Mitelli, pero los frescos no comenzaron hasta 1662, de la mano de Juan Carreño de Miranda y Francisco de Rizzi, pintores del rey. La escena principal, representa a San Antonio de Padua en la Gloria, donde recibe, con los brazos abiertos y arrodillado sobre una nube, al Niño Jesús y a la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Hermandad. La decoración está dedicada ocho santos portugueses o españoles (San Fructuoso, San Dámaso, Santa Irene, Santa Sabina, San Gonzalo, Santa Julia, Santa Beatriz de Silva y San Amadeo de Silva).


Sobre la puerta de entrada al templo, nos encontramos con un escudo del Reino de Portugal, y una alegoría de las Coronas de España y el país vecino. Este escudo tiene una curiosa historia. Cuando se perdió Portugal, y la reina Madre, en 1689, cambió el nombre de la iglesia, también intentó cubrir con un repinte el escudo luso, pero éste ha sido totalmente recuperado en la última restauración del templo a cargo del Instituto de Conservación y Restauración (organismo autónomo adscrito a la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura).


En 1690, se produjo una grave inundación que dañó la bóveda, y hubo que ser restaurada, llevando a cabo esa labor el pintor italiano Lucas Jordán, quien introdujo algunos cambios, sobre todo detalles barrocos, como los capiteles, o la sustitución de columnas lisas por columnas salomónicas. Además, realizó las pinturas de las paredes, simulando grandes tapices, con escenas de los milagros de San Antonio, y, en su parte inferior, numerosas figuras de ángeles, virtudes y alegorías. Los muros se rematan en su parte más baja por ocho pinturas de Reyes Santos de Alemania, España, Hungría, Francia y Bohemia, con alusiones a sus reinados o martirio.


Los milagros de San Antonio

Hay que hacer una mención especial a los “tapices” ficticios de los milagros de San Antonio. El primero de ellos es la “Predicación a los peces”, y representa al Santo, sobre una roca, con los brazos abiertos, predicando hacia el río donde aparecen los peces escuchando sus palabras. La tradición nos dice que San Antonio estaba predicando en la ciudad de Rímini a un grupo de personas, que no le prestaban la menor atención, por lo que, al darse cuenta, tomó camino de la playa y vio como los peces salieron y se colocaron en la orilla, y el Santo les dio su bendición.


En el “Milagro de la mula de Tolosa”, aparece el Santo con un cáliz en la mano y la Eucaristía en la otra, y delante de él, una mula arrodillada, ante el asombro de la concurrencia. Esta estampa se refiere a la historia de un judío, Guillar, que no admitía la presencia de Cristo en la Hostia, y prometió creer, si una mula se inclinaba ante ella. San Antonio, a través de sus oraciones, consiguió que la mula se arrodillase, por lo que el judío, admitió su error.


La escena del “Milagro del carro”, representa al Santo hablando con dos personas que se postran ante él, y al fondo un carro. La leyenda cuenta que San Antonio iba por un camino, y se encontró con un carretero, y le pidió que le llevase, pero éste, le dijo que no, porque llevaba un muerto (era su compañero, que estaba dormido). El Santo lo creyó, y siguió su camino, pero Dios no, y provocó la muerte del durmiente. El carretero, al verlo, se dio cuenta de su error, y corrió raudo a pedir perdón a San Antonio, quien se acercó al difunto, lo bendijo, y de repente, resucitó, ante el asombro de su compañero.


Otro milagro es “La Curación de un enfermo”. En el falso tapiz aparece un enfermo arrodillado ante el Santo, esperando un milagro. Esta escena representa a un hombre que, para burlarse de San Antonio, se hizo pasar por ciego, pero fue castigado haciéndole saltar los ojos de sus órbitas, aunque luego fue curado por el Santo.


En el fresco del “Milagro de la curación de un niño”, San Antonio aparece acompañado por otro fraile, y una madre presentándole a su hijo enfermo. En el fondo, destaca un paisaje de una ciudad, montañas y nubes, creando una gran sensación de profundidad.


Es curioso el “milagro del niño recién nacido”. En la escena aparece el niño, en los brazos del Santo, ante dos mujeres y un hombre y en la parte posterior, más gente. La leyenda cuenta que un padre no quería reconocer al niño como su hijo, pues pensaba que su mujer había cometido adulterio. San Antonio cogió al niño y le obligo a dar el nombre de su padre y, ante el asombro de todos, el bebé respondió, “este es mi padre”.


Uno de los “tapices” más destacables es el “Milagro de la Tempestad”, debido a su magnífica utilización del color en el cielo, ennegrecido por las tormentosas nubes, que son atravesadas por rayos, que dan a la escena una tenue luz, donde sólo pueden apreciarse nítidamente las figuras que aparecen en primer plano, quedando difuminados el resto de personajes.


Retablos

Comenzamos con el retablo mayor, que ha sufrido muchos cambios a lo largo de su historia. El primero se hizo en tiempos de Felipe IV, con pinturas de Carducho y Cajés. En 1724, con Carlos III de monarca, se derriba el anterior y se construye uno nuevo, de estilo barroco, que fue cambiado por otro en 1762, a instancia de los Reyes. Este último es de mármol, y construido por Miguel Fernández y Francisco Gutiérrez, y fue inaugurado en 1765. En su parte superior figura una Victoria con el escudo de armas de Carlos III, y el Gran Collar de la Orden del Toisón de Oro. Hay que decir que, en los tres retablos, naturalmente, destaca la escultura de San Antonio de Padua, obra de Manuel Pereira, el escultor portugués que realizó también la escultura de la fachada principal.


Los retablos laterales, 3 a cada lado, mínimamente retranqueados y en forma de arco, están realizados con madera estofada, imitando mármol, y sobre cada uno de ellos, se encuentra un óvalo con retratos de reyes y reinas, pintados en el siglo XVIII por Miguel Jacinto Meléndez. Los seis retablos sirven de fondo a otras tantas figuras escultóricas. A continuación, os voy a detallar cada uno de estos seis conjuntos.


El primero, en el lado de la Epístola, o sea, el derecho, aparece el retablo de la Crucifixión, de Lucas Jordán, junto con la escultura de Nuestra Sra. De la Soledad y coronando el conjunto, un pequeño óvalo de María Gabriela de Saboya.


El segundo, el retablo de La Familia de la Virgen, también de Lucas Jordán, la escultura de Nuestra Señora del Carmen y el óvalo de Mariana de Neoburgo.


El último retablo del lado epistolar corresponde a Santa Isabel de Portugal, de Eugenio Cajés, de 1631, junto con la figura escultórica de San José y Felipe IV en el óvalo superior.


Sobre la puerta principal, y debajo del órgano y el coro, aparece un óvalo, también de Meléndez, con el retrato de la Reina Mariana de Austria.


Ya en el lado del Evangelio, el izquierdo, y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, llegamos al retablo de Santa Engracia, también de Eugenio Cajés y de 1631, con la figura San Andrés, de Luis Salvador Carmona, y el óvalo de Felipe V.


Siguiendo ese sentido, hacia el altar mayor, nos topamos con el retablo de San Carlos Borromeo, de Lucas Jordán, con la estatua de San Rafael Arcángel, también de Carmona, y el remate oval de Carlos II.


Justo a su lado destaca una impresionante imagen del Santísimo Cristo del Refugio, de la escuela madrileña del siglo XVIII.

Ya, por último, nos encontramos con un retablo “celestial” que hace de fondo a una preciosa imagen de la Inmaculada Concepción, y el remate oval de Felipe III.


Y esto es todo, querid@s Cielisuelistas. Tanto si sois de Madrid, como si venís de fuera, no os podéis perder esta impresionante maravilla barroca de la arquitectura y de la pintura, merece la pena. Está situada en la calle Puebla,20, muy cerquita de Gran Vía. 


Quiero dar las gracias a la Hermandad del Refugio de Madrid, y en especial, al Sacristán de la Iglesia, Juan, por su amabilidad y facilidades dispensadas para poder realizar este artículo. Y, por último, os cito para el próximo lunes 1 de febrero, donde os “descubriré” el Oratorio del Caballero de Gracia, situado en plena Gran Vía. No faltéis, os espero, y recordad… ¡PASO LISTA!

Manolo G. Sanahuja

Fuentes: 
Texto:    + Información cedida por la Iglesia de San Antonio de los Alemanes.
              + http://artedemadrid.wordpress.com

Fotos y vídeo: + Manolo G. Sanahuja

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